Que ingrato el recuerdo que todos los días me confunde de una forma letal, y debería agradecer por eso, pero ¿acaso el recuerdo tiene ese derecho? ¿Acaso el derecho de el sobre mi me obliga a vivir en el pasado estando en el presente?, se que aunque así Dios lo decida, yo seguiré empeñado a vivir mi futuro en el presente. Ese futuro incierto que nadie conoce, tal vez letal, tal vez cruel, o tal vez lleno de amor, de vida, de bienestar; hoy no puedo seguir arriesgando la felicidad tuya a mi antojo, no quiero que arriesgues mi felicidad dejando que yo eche a perder la tuya. Todo al final se confunde, se destruye, se hecha a perder; todo, hasta el amor!
Nuestros cuerpos no resisten las abatidas mortales del tiempo, perdemos la vergüenza, los ideales, las costumbres, los amigos, los pensamientos, la pasión, el amor, hasta la virginidad acabamos perdiendo de una manera tonta; al último debemos acabar viviendo en libertad, sin privarnos de nada ¿por que envidiar a otros? Si cuando el final este cerca no habrá distinción entre las personas, todos por causas de la naturaleza acabaremos degradándonos y nos convertiremos en estadísticas y en 100 o 200 años nadie se acordara que un día transitamos este mundo, nadie sabrá que vimos las nubes, que escuchamos en cantar de las aves, que aprendimos a distinguir los colores, que olimos flores, que disfrutamos de aromas, que amamos, nadie se acordara que disfrutamos del sexo, que derramamos lagrimas, que reímos, cantamos, que fuimos niños, que fuimos jóvenes, esposos, amantes, que dimos vida y aprendimos a vivirla de una forma única, quizás un día aprenderé a vivir como yo quiero. Aunque hoy no puedo vivir así, le propondré a Dios una tregua y que no haga cumplir en mi lo que el ya escribió en mi destino.
Hoy intentare ser lo que de niño nunca quise ser, y lo que quise ser lo dejare de una forma abortiva en el futuro que cada instante esta más cerca.
By Manuel Pacurucu
No comments:
Post a Comment